Después de la llamada Revolución de Mayo de 1810, la relación entre los intelectuales, que intentaban pensar la manera de organizar el país, y los políticos, que ejercían el poder de la nación, se tornó conflictiva. Tal fue el punto de tensión alcanzado, que muchos de los intelectuales debieron exiliarse a países vecinos y otros murieron en luchas fratricidas.
Los siguientes fragmentos fueron escritos en distintas épocas y pertenecen a diferentes géneros discursivos; sin embargo, en todos se pueden encontrar puntos de contacto. El primer texto fue escrito en 1837; el segundo, en 1984, y el último, en 1840.
1. A Avellaneda, Álvarez Acha, Lavalle, Maza, Varela, Berón de Astrada, y en su nombre a todos los mártires de la patria.
¡Mártires sublimes! A vosotros dedico estas páginas inspiradas por el amor a la Patria, única ofrenda que puedo hacer en el destierro; quiero engrandecerlas, santificarlas estampando al frente de ellas vuestro venerable nombre.
Envidio vuestro destino. Y he gastado la vida en los combates estériles del alma convulsionada por el dolor, la duda y la decepción; vosotros se la disteis toda entera a la patria.
(...) Maza, tú también pertenecías a la generación nueva; su espíritu se había encarnado en ti para traducirse en acto. Debiste ser un héroe y el primer ciudadano de tu Patria, y sólo fuiste su más noble mártir. Vanamente el tirano puso en tortura tu alma de temple estoico, para arrancarte el nombre de los que conspiraban contigo; te lo llevaste al sepulcro.
Esteban Echeverría, La cautiva, El matadero y otros escritos.
2. Mataron a Maza, jadeó el hombre pequeño y delgado. (...) La muerte del viejo Maza, dijo Cufré, era el anuncio de que no había clemencia para los que despertasen la sospecha de la Mazorca, fuesen federales o unitarios, o no fuesen ni federales ni unitarios. El hombre pequeño y delgado se restregó las manos y pretendió sonreír. (...)
3. A fines del año 1840, salía yo de mi patria, desterrado por lástima, estropeado, lleno de cardenales, puntazos y golpes recibidos el día anterior en una de esas bacanales sangrientas de soldadesca y mazorqueros. Al pasar por los baños de Zonda, bajo las armas de la patria que en días más alegres había pintado en una sala, escribí con carbón estas palabras: On ne tue point les idées. * El gobierno a quien se comunicó el hecho, mandó una comisión encargada de descifrar el jeroglífico, que se decía contener desahogos innobles, insultos y amenazas. Oída la traducción, "¡Y bien! - dijeron -, ¿qué significa esto?..."
Significa, simplemente, que venía a Chile, donde la libertad brillaba aún (...)
Domingo Faustino Sarmiento, Facundo. Civilización y barbarie.
PARA PENSAR:
- A qué género discursivo pertenece cada texto.
- A quién llamaban "el tirano" y a qué, "la mazorca".



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